Exposición Cartografies 1

Primera parte de la trilogía del mapa de la aventura de la Colección Josep Maria Civit

LA REFUNDACIÓN DE LA COMUNICACIÓN DESDE EL LENGUAJE DEL ARTE

Del estudio del diseño y de la colección de arte: una poética sobre la comunicación

La colección de arte contemporáneo de Josep Maria Civit i Gomis es una de las mejores de Cataluña y, de entre las europeas, una de las que poseen mayor personalidad en el criterio de selección y en la construcción de una poética. En su vida profesional, Civit dirige un prestigioso estudio de comunicación visual y estrategia corporativa desde el que ha destacado, no obstante, por producir unas obras en las que concepto, reduccionismo antirretórico racionalista y sensualidad abstracta se unen con gran eficacia para lograr una gran proyección social.
La Colección Civit participa, hija de la revolución moral y la estética de la sociedad del conocimiento, de un compromiso político a través de la libertad en el arte y sus valores. En el arte contemporáneo —a diferencia de la literatura, que preserva la memoria, o de la comunicación, que busca una recompensa práctica inmediata— nada se expresa en prosa clara: la dificultad de comprensión sitúa al espectador más cerca de la interpelación y la comunión que de la inteligibilidad del gusto. Tal y como ha expresado Civit, «Colecciono maneras de pensar».

Del amor al arte al hedonismo posmoderno

La Colección Civit se inicia en el último tramo del siglo de las vanguardias, en los años inmediatamente posteriores al mayo francés y en la agonía del franquismo tardío, durante los últimos coletazos del arte terminal lingüístico y sociológico denominado «arte minimalista y conceptual». Acto seguido, pasando por alto las corrientes neoexpresionistas que representaron un regreso a la pintura «primitiva» y el estilo neovanguardista en eclosión dentro del mercado del arte, la colección se desplegó plenamente en la posmodernidad, que cerraba la oscilación de tendencias del siglo XX y abría el siglo XXI: un momento hedonista en el que la sociedad líquida distendía la vieja dialéctica de los opuestos, y el arte —con una riqueza formal deconstructiva y retóricas cultistas— resituó el valor de la imagen en relación con los grandes cambios tecnológicos de socialización y globalización.

Hacia una poética de lo invisible en la época del desbordamiento de las imágenes

En plena era posmoderna, la Colección Civit se desmarca ofreciendo un giro a las imágenes que acompañaban a la formulación de inexpresivos, bautizados así por Germano Celant. Dando un paso más allá, Civit acentúa la invisibilidad-visibilidad del marco y el conflicto políticos (que siempre están presentes) fuera de la geopolítica y, al mismo tiempo, potencia la invisibilidad de las narrativas (que se sitúan al lado de la obra, en su lectura). De este modo el coleccionista, que es a la vez lector de la obra de los demás, extrae de las obras aquellas particularidades que son específicas de los límites del arte, de la forma y de la sensibilidad.
Máximo en mínimos, más cercano a la crisis de lenguaje que se abría hacia la poesía experimental y la música concreta que a los problemas de representación e información. Un arte en acción que reivindica su autonomía sin sujeto psicológico ni predeterminación ideológica. Una colección de grandes obras que expresan la exaltación emocional fuera del lenguaje codificado en forma de repliegues y giros de la frase hecha. Investigación, experimentación y forma cerrada para un sistema abierto.

La cartografía entendida como un mapa cerebral eléctrico

Aparte del elevado valor visual y conceptual intrínseco de cada obra seleccionada por el coleccionista de afectos, la exposición procura crear una red de asociaciones y relaciones entre las obras, con el fin de que el tránsito entre ellas establezca un sentido de colectividad y orquestación en su complejidad. Si bien el mínimo denominador común es la máxima radicalidad expresiva, el máximo denominador es el lenguaje mínimo; en eso consiste la higienización racional frente a la habitual contaminación visual e hibridez propias del descarrilamiento del hipersaber en el marco del hiperconsumo.
De aquí que la serie de exposiciones que muestran la Colección Civit en su totalidad lleven por título Cartografías, entendiendo el término más como un mapa perceptivo eléctrico —de circuitos neurológicos, del modo en que actúa nuestro cerebro— que como un territorio científicamente acotado en la vieja tradición de la linealidad y la mecánica social (ya sea en la historia como progreso o en el orden de lectura occidental, de izquierda a derecha).
Cartografías, pues, como itinerarios libres de la mente para adentrarse en el espacio del arte.

La urbanización del espacio expositivo

¿Cómo ha construido el coleccionista Civit la urbanización del espacio expositivo? Como si se tratara de una partitura musical y lingüística libre. En primer lugar, una obertura a modo de ejercicio dialéctico y dialógico con dos profundos y desafiantes puntos fundamentales: la vocación del arte al servicio de la pedagogía de participación (Lee, mira, percibe, de Muntadas) y por otra
parte la negación de dicha vocación, al no poder tocar y no poder leer, como sucede con el texto en braille de un superviviente ciego del campo de exterminio de Auschwitz, obra de João Onofre. Una audición permanente de la obra de arte sonoro del artista On Kawara Un millón de años nos recuerda que todavía seguimos vivos mientras homenajea a todos los que vivieron y han muerto. Con esta brillante propuesta, el espectador tiene que avanzar sabiendo que debe reconocerse en un pasado radicalmente mutilado e interrogador y en un presente repleto de emoción e investigación inédita.
La cartografía del alma transita, de este modo, entre el nihilismo del pasado y la doble fe de quien se sitúa en la radicalidad del acto libre del arte.

La exposición: recrear el nacimiento del lenguaje

Entramos. Las obras que se alinean en la primera pared, a modo de frase sintáctica hipersensible hecha de colores, son un ejemplo de cómo la variación de la luz, en situaciones espaciales y en diversos materiales, libera el arte por ausencia de la responsabilidad ética.
En un segundo espacio, el lenguaje crece desde el magnetismo semántico cromático hasta adquirir formas y crear libres asociaciones de grupos de sistemas diferentes, llegando al extremo de unir desemejanzas entre la abstracción pura y la propaganda social nazi a partir del nombre y el apellido (Johann Sebastian Goebbels, obra de Bernardí Roig).
En un tercer espacio, lo abstracto adquiere volumen hasta que el volumen se transforma en significantes objetuales, y estos en nuevas asociaciones que interfieren en la esfera de lo público y entablan un diálogo con ella. La ópera concluye con el silencio de sus héroes, tanto el aventurero científico como el artista iluminado (véase la obra de Prats). El silencio de Cage resuena en el piano mudo. El arte habla cuando calla.

La poética

La excepcional propuesta expositiva que nos presenta Civit reconstruye desde cero la constitución formal y comunicativa del lenguaje del arte a través del color como fonema, de la mancha como semántica, de la asociación como sintaxis, de la réplica a la realidad como dialéctica y del silencio como historia.
Ahora que el pensamiento reaccionario vuelve a imponerse en Europa, en una civilización fundadora de conocimiento que sufre permanentemente la destrucción, el comunicador y coleccionista Civit nos invita a disfrutar de la experiencia de la sensibilidad con la certeza de que, desde la investigación expresiva de la belleza, el artista es capaz de comunicar de una forma libre y sin retorno. La comunicación auténtica, la del arte, comunica la comunicación de la incomunicación.

Vicenç Altaió